El caballo es un animal que por su tamaño y fuerza se presenta como un desafío para el hombre, trabajar con él permite aumentar la confianza en sí mismo, superando temores y aceptando desafíos. Adicionalmente, los caballos tienen temperamentos diferentes, viven en manadas, establecen jerarquías y códigos de socialización, así como los hombres, quienes nos comportamos de manera similar, por ser seres sociables, establecemos relaciones de poder y desarrollamos distintos tipos de personalidad que nos acercan o alejan más a unos  que a otros. Lo anterior, permite establecer similitudes entre nuestro comportamiento y forma de relacionarnos con el mundo.

La actividades equinas, ya sean terapéuticas, recreativas o deportivas, cuentan con un gran sustento teórico y científico, basado en la fusión de dos seres vivos cuya relación se solventa y por consiguiente aporta resultados en la transformación física, mental y/o actitudinal del alumno, cliente y/o paciente.


Los caballos proporcionan oportunidades para la motivación, educación, disfrute y/o beneficios que mejoran la calidad de vida. Están diseñadas para promover beneficios físicos, sociales, emocionales y cognoscitivos.
Los estudios y la literatura demuestran datos concretos sobre mascotas y/o animales de compañía relacionados con la salud mental, en donde el hombre al «ver» o estar en contacto con su animal, cambia las frecuencias cardiacas, acelera el pulso y demás cambios físicos y psicológicos que refuerzan el vínculo.


El vínculo hace lazos físicos y psicológicos entre los 2 seres vivos, a diferencia del simple contacto que solo produce lazos físicos y muy pocos psicológicos.

Las experiencias con caballos aportan elementos internos, vivenciales y energéticos los cuales causan un gran impacto positivo en la vida de los niños, sin mencionar el disfrute y la conexión que crean. Por lo anterior, es una experiencia súper recomendada que todo niño debería vivir.

Por: Escuela de Formación para equitación y equinoterapia, Pereira